Después de una separación es habitual que la comunicación entre los progenitores resulte más complicada. El problema aparece cuando esa falta de comunicación afecta a cuestiones importantes de los hijos: una visita médica, una reunión escolar, unas malas notas, un tratamiento, un cambio de actividad o cualquier otra circunstancia relevante.
Estar separados no significa que uno de los progenitores pueda quedar al margen de la vida de sus hijos. La guarda y la potestad parental son conceptos distintos y, salvo que judicialmente se haya establecido otra cosa, ambos progenitores continúan teniendo responsabilidades respecto de las decisiones importantes que afectan a los menores.
El Código Civil de Catalunya contempla expresamente el deber de información entre progenitores respecto de los hechos relevantes que se produzcan en el cuidado de los hijos.
La información sobre los hijos no debería depender de quién tenga la guarda
Que uno de los progenitores tenga atribuida la guarda exclusiva no significa que el otro deba desconocer qué ocurre en la vida escolar o sanitaria de sus hijos.
Cuestiones relevantes relacionadas con su salud, educación o bienestar deben ser conocidas por ambos progenitores cuando ambos mantienen el ejercicio de sus responsabilidades parentales.
Además, determinadas decisiones importantes no pueden adoptarse unilateralmente. Por ejemplo, el Código Civil de Catalunya contempla específicamente la necesidad de consentimiento del otro progenitor para decidir el tipo de enseñanza o para cambiar el domicilio del hijo cuando ello supone apartarlo de su entorno habitual.
Los hijos no deben convertirse en mensajeros entre sus padres
Existe además una práctica especialmente problemática: progenitores que prácticamente no se comunican entre ellos y que, cuando tienen que transmitir alguna información, lo hacen a través del propio hijo.
Frases como “dile a tu padre que tienes médico el jueves”, “pregúntale a tu madre si puedes ir a la excursión” o “dile que tiene que pagar esto” pueden parecer una forma sencilla de evitar el contacto entre los adultos, pero trasladan al menor una responsabilidad que no le corresponde.
Los hijos no deberían actuar como intermediarios entre sus progenitores. Son los adultos quienes deben encontrar un canal adecuado para intercambiar la información necesaria, aunque su relación personal sea mala o prácticamente inexistente.
Utilizar al menor como mensajero puede situarlo en medio del conflicto, hacerle sentir responsable de que la información llegue correctamente e incluso provocar que perciba que debe posicionarse entre uno y otro. La separación corresponde a los adultos y los hijos deberían mantenerse al margen de esos problemas.
Una comunicación parental mínima, respetuosa y centrada exclusivamente en las necesidades de los hijos no exige que exista una buena relación entre los progenitores. Significa simplemente separar el conflicto de pareja de las responsabilidades que ambos continúan teniendo como padres.
Cuando uno de los progenitores oculta reiteradamente información relevante o la comunicación se ha deteriorado hasta el punto de afectar a los hijos, es conveniente abordar el problema antes de que se cronifique.
En Viñas Advocats podemos asesorarte ante problemas de comunicación, falta de información o desacuerdos relacionados con el ejercicio de la potestad parental, buscando una solución que proteja los derechos de los progenitores y, especialmente, evite que los hijos queden atrapados en el conflicto.



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