Es una situación más frecuente de lo que parece. Después de una separación o divorcio, puede llegar un momento en el que un hijo manifieste que no quiere ir con uno de sus progenitores, que no quiere cumplir el régimen de visitas o que prefiere vivir únicamente con su padre o con su madre.
Ante esta situación, una de las primeras preguntas que suelen hacerse los padres es si deben respetar la decisión del menor o, por el contrario, obligarle a cumplir lo establecido en la sentencia.
La respuesta dependerá de las circunstancias de cada familia y, especialmente, de la edad y madurez del hijo y de los motivos por los que rechaza estar con uno de sus progenitores.
¿Puede un hijo decidir con quién quiere vivir?
La opinión de los hijos debe ser tenida en cuenta a medida que adquieren suficiente madurez, especialmente cuando se trata de adolescentes. Sin embargo, esto no significa que puedan decidir unilateralmente qué régimen de guarda o de visitas quieren cumplir.
Que un menor diga que no quiere ir con su padre o con su madre no deja automáticamente sin efecto lo establecido en una sentencia.
Será necesario analizar qué está ocurriendo y cuáles son las razones de ese rechazo. No es lo mismo una negativa puntual provocada por una discusión o por las normas existentes en uno de los domicilios que una situación mantenida en el tiempo o derivada de un problema importante en la relación con uno de los progenitores.
¿Qué debe hacer el progenitor con el que se encuentra el menor?
Uno de los errores que pueden cometerse en estas situaciones es considerar que, como el hijo no quiere ir, ya no existe obligación de cumplir el régimen establecido.
Los progenitores tienen el deber de favorecer la relación de sus hijos con el otro progenitor y no deberían impedirla ni dificultarla sin una causa justificada.
Esto resulta especialmente importante cuando existe una resolución judicial que regula la guarda o las visitas. Dejar de cumplirla unilateralmente puede acabar generando un nuevo conflicto judicial.
Del mismo modo, tampoco es aconsejable ignorar una negativa seria y continuada del menor. Si un hijo rechaza de manera persistente acudir con uno de sus progenitores, es importante conocer las causas y buscar una solución adecuada.
¿Qué podemos hacer si la situación continúa?
Cuando el problema no es puntual y se mantiene en el tiempo, puede ser necesario revisar las medidas existentes.
Dependiendo del caso, puede intentarse primero alcanzar un acuerdo entre los progenitores y, cuando esto no sea posible, valorar una modificación de las medidas establecidas judicialmente.
En estos procedimientos, la opinión del menor puede ser escuchada teniendo en cuenta su edad y madurez, pero la decisión final no depende exclusivamente de lo que este manifieste. Lo que debe valorarse siempre es qué solución protege mejor su interés y bienestar.
Por ello, cuando un hijo empieza a negarse de forma reiterada a cumplir el régimen de guarda o visitas, es importante actuar cuanto antes. Dejar que la situación se prolongue puede deteriorar todavía más la relación familiar y hacer más difícil encontrar posteriormente una solución.
En Viñas Advocats podemos ayudarte a analizar las causas de esta situación y valorar las distintas soluciones legales para proteger el bienestar de los hijos y evitar que el conflicto familiar se agrave.



Deja tu comentario